Para que veais que cumplo
LUNES 14 Llegamos a las 8:30 a Split, descansando no en exceso 5 personas (y no pequeñas) en un compartimento para 6 y decidimos poner en marcha el plan que habíamos ideado días antes, que no era otro que alquilar un coche grande o una fufu para recorrer en dos o tres días Split, Dubrovnik, Mostar, Sarajevo y lo que vieramos de pasada, tanto de Croacia como de Bosnia.
Lo más barato que encontramos fue caro para lo que pensábamos, y tuvimos que coger un 406 de competi por cerca de 100 eurazos diarios (20 euros cada uno) para que nos entraran las mochilas además de nosotros cinco. Lo alquilamos por 2 días, de 10 de la mañana de lunes a 10 de la mañana de miercoles.
llegando a la zona de Split en el nocturno
Decidimos dejar Split para el final, una vez devuelto el coche, y salimos zumbando por las carreteras croatas hacia Dubrovnik, en el extremo sur del pais. Primer chasco, los 10 primero km de salida de Split => 1 hora y media perdida. Igualito al trayecto Alicante - Santa Pola un domingo, las madre que les parió a los croatas, donde coño iba tanta gente?
Justo en medio de nuestra extensa blasfemia a estos croatas domingueros la cosa mejoró y cogimos un ritmo aceptable, y entonces empezamos a disfrutar de la hermosa costa croata bañada por el sol echando fotos desde la carretera, que bordea la costa croata de norte a sur.
Es bastante impresionante el hecho de poder ver en apenas 1 semana los verdes paisajes norteños y húmedos de Polonia, el verdor casi selvático de algunas partes de Hungría y las costas bañadas por el Adriático repletas de pinos y olivos con sabor totalmente Mediterráneo, viva la biodiversidad!
Con nuestro carro por Croacia

Llegamos a Dubrovnik a primera hora de la tarde, después de comer en una tasca de carretera, y al ver que el Youth Hostel estaba lleno como sospechábamos, fuimos asaltados por 2 abuelitas, muy graciosas ellas.
Tenían su papel asignado, de abuela buena y abuela mala, mientras una nos convencía para estar en su casa en detrimento de la otra, la mala se agarraba un cabreo monumental para que finalmente la abuela buena nos pidiera por favor que nos repartiéramos entre las dos casas porque si no la iba a tener con la otra y eran vecinas. Nos cobraban unos 12 o 13 euros a cada uno.
Nos subimos el Karlos y yo a la casa de la abuela buena, que estaba encima de la de la mala y rápidamente nos pusimos un bañador y nos fuimos a apurar las horas de luz y calor que quedaban para darnos un bañete, después de todo el día conduciendo.
Nos remojamos en una calita bastante escondida (y bastante sucia) y después de nuevo a la casa de las ancianitas, donde nos dimos una ducha mientras la abuela no hacía más que chapurrearnos cosas ininteligibles y hacer mofas de su vecina (nos partíamos con ella), y después salimos hacia el centro.
nos dio tiempo a un pequeño baño
Efectivamente Dubrovnik no nos defraudó a ninguno, y paseamos embobados por las calles del casco antiguo empedrado en mármol blanco mientras el sol iba cayendo, a una hora a la que misteriosa y afortunadamente no había muchos turistas. Nos recorrimos la urbe de arriba abajo y a mí personalmente me pareció uno de las cascos antiguos más bonitos que había visto, y eso que ya sabía a donde iba, no como alguno de estos que no conocía nada en absoluto de Dubrovnik, además el listón de sitios visitados no estaba precisamente bajo
Poco a poco la luz natural iba disminuyendo y se comenzaba a ver su otra belleza, la de las ciudades con una iluminación meticulosamente cuidada. Yo siempre he sostenido que las ciudades ganan de noche, y esta tampoco era una excepción, los faroles y carteles le daban un encanto mágico. Como siempre digo, lástima no haberme llevado la cámara reflex, ya que nuestras cámaras digitales no estaban preparadas para hacer fotos nocturnas (mas sin trípode).
Dubrovnik by night



Decidimos pegarnos un homenaje y cenar por el centro algo de pescaito, aunque nos metimos en el sitio más barato que encontramos, eso sí, y como siempre inducidos por una bella croata que nos convenció a pie de calle de las ventajas del restaurante en el que trabajaba. Aunque por una vez parecía tener razón, o al menos fue el más barato que vimos. Después de cenar agustísimo decidimos darnos otra vuelta nocturna por al ciudad para ver el ambiente y tomar algo, y ahí fue donde vimos la otra cara de la ciudad, cara que al menos a mí no me gustó tanto, y no era otra que el ambiente bastante pijillo y selecto que notamos.
Los modelitos que lucían las muchachas, el rollo “terrazas sin música” que se estilaba en casi todo el casco antiguo y el ambiente chic ibizenco que se respiraba nos hizo desistir ya que no estabamos preparados para codearnos con la jet-set del lugar, y fuimos a buscar algo por la zona de nuestra residencia (la zona del Youth Hostel).
Al llegar a la zona de nuestro alojamiento comprobamos que nuestro estúpido destino nos obliga repetir siempre los mismos errores, ya que nos vimos en una situación que ya vivimos medio año antes en nuestro viaje a Marruecos: Se nos había llevado el coche la grúa.
Aparcamos mal, esa fue la razón, pero dónde hace unas horas estaba nuestro coche ahora había 5 colocados (uno era español, por cierto), y estaban igualmente mal aparcados, pero ahí no se molestaba al tráfico.
De primeras cundió un poco el pánico entre Ander y Karlos, ya que por unos motivos u otros se habían dejado ambos el billete de interrail y el pasaporte en el coche (muy mala idea, desde luego), y existía la difícil pero presente posibilidad de que en realidad no se lo hubiera llevado la grúa si no que nos lo hubieran robado.
Rápidamente recordamos las 3 horas y mucho esfuerzo que costó recuperar el coche en Marruecos, yendo entre comisarías y depósitos teniendo que coger hasta 4 taxis, y fuimos rápidamente al Youth Hostel a preguntar por la comisaría más cercana. De suerte que estaba a 100 metros y cuando llegamos el madero de turno hizo una llamada telefónica y nos dijo explícitamente con gestos (no tenía ni papa de inglés) que se lo había llevado la grúa y que el depósito estaba a escasos 300 metros de allí.
Sin poder creernos nuestra buena suerte fuimos al depósito y pagamos con mucha mala hostia la friolera cantidad de 100 mauros (20 cada uno) al señor madero que nos miraba con sorna mientras echaba unas birras en la garita acompañado por el de la grúa, ambos sentados tan panchamente (totalmente verídico), casí podíamos ver la imagen de los muy bastardos repartiéndose los 100 eurazos de colegueo según nos fuéramos...
Al subir otra vez a la calle del suceso, dónde estaban los 5 coches que ya he mencionado antes aparcados, vimos que pasaba a 10 por hora un coche patrulla sin inmutarse siquiera... Pero bueno, hay que decir que nuestro coche estaba mal aparcado, con lo cual no hay protesta posible. Al menos pudimos solucionar todo en media hora y aun nos dio tiempo a echarnos una cerveza en una terraza mientras comentábamos la jugada. Después a dormir, al día siguiente tocaba Bosnia, yo especialmente tenía ganas de ese viaje.