Voy a ver si escribo más de seguido, porque tardo tanto entre día y día que voy a tardar una eternidad en contar el viaje.
Siguiente día:
9º día: Baden-Baden - BERN (BERNA) Como todas las mañana me he despertado y he ido a desayunar. Cada día veo que como más; como era costumbre me hago mi bocata para el día y dos más de regalo. Mientras estaba cogiendo unas cosillas en el buffet tenía al lado a uno de los profesores de los pequeños italianos y empieza a hablarme y preguntarme cosas. Y yo sin entender nada.

Le digo que
no parlo italiano, que io sono españolo, y se ríe. Me dice que como siendo español no lo entendía; pues porque hablaba muy rápido, ¿capicci?
Me aseo un poco, recojo mis cosas y me voy andando para la estación. Empiezo a notar que cada vez tengo más hueco en la mochila; ¡¡lo qué es ordenar las cosas de la mochila de vez en cuando!! Llego a la estación y veo que mi tren tiene 25 minutos de retraso; y solo tengo 20 minutos de margen en Basilea; ¡nooooooooo!

¿Y los alemanes son exactos? Además el tren va a Suiza, país famoso por su puntualidad. En fin, que le vamos a hacer, mirémoslo por el lado positivos, he aprendido que "spärten" es retraso en alemán; y en Suiza cada dos por tres hay trenes a todos los destinos.
Llega el tren y me monto. Aprovechando que tiene enchufe pongo a cargar el móvil y me pongo a escribir. Al lado tenía una madre alemana con dos gemelas de unos 5 años modelo standar alemán, es decir superrubias con los ojos azules. Pues estaba peleándose con la otra y me quedé quieto sin poder hacer nada, estaba acojonado; el alemán es feísimo, no tengo ni idea que se estaban diciendo, puede que se dijeran lo guapa que estaba la otra, pero yo estaba asustado escuchándola hablar. La verdad que el alemán es un idioma que suena un poco fuerte.
Llegamos a Basilea

, y lógicamente perdí el tren que quería coger. No problem: a los 30 minutos salía otro tren que me llevaba a Berna. Es lo bueno que tiene Suiza, todo el transporte público es en tren, allí no hay autobuses urbanos, por lo que continuamente hay trenes hacia cualquier sitio. En Suiza los carteles informativos no son como en Alemania que te indican a qué hora vas a llegar a cada destino, lo cual es un problema porque como mi idea en Suiza era hacer idas y vueltas el mismo día a Berna para ver el resto de ciudades suizas, quería saber a que hora tengo que coger los trenes de vuelta; para que nos entendamos, poder planificarme un poco el día. Como perdí el tren que quería iba a llegar a Berna muy tarde, y no me gustaba, puesto que tendría que ver la ciudad a velocidad expréss.
Aquel tren que iba a Berna llegaba hasta Milán, iba completamente lleno, así que os podéis imaginar la mezcla de idiomas que había en el vagón. Al lado mía tenía a un par de muchachas que leían ¡¡el 20 minutos!!

Jajajaja, me hizo mucha gracia porque era exactamente igual que el que podemos encontrar en cualquier ciudad de España, pero aquí se llamaba "20 minuten".
Llegué a Berna muy tarde para mi gusto: sobre las 13h25. Al llegar a la estación busco los paneles informativos ya que me interesaban los trenes para Lugano, Ginebra y Lucerna, que eran las ciudades que quería visitar. Había pocos paneles en aquella estación así que tuve que preguntar, y me dieron un folletito con todos los trenes que salían de Berna a otras ciudades, incluidos trasbordos y horas de salida y llegada.
Salgo de la estación e intento orientarme. Al final lo consigo y comienzo a andar en dirección al albergue. Veo un cartel y lo sigo. Tengo que coger un funicular para bajar a la zona del río (coste 1,20 francos). Berna es una ciudad que el centro está en alto, como si fuera una meseta, y bordeando esta "meseta" está el río. El albergue estaba en la zona baja, al lado del río por lo que tenía que coger el funicular para bajar a esa zona. Creía que el albergue estaba lejos de la estación, pero no era así, sólo tenía que bajar a la zona del río.
Entro al albergue y veo que recepción está cerrada. Hay un cartel que ponía que había habitaciones libres y que abrían a las 17h00. Me indican que puedo dejar las cosas en la terraza, que no era tal. Subo unas escaleras y veo unas flechas que me indican dónde puedo dejar la mochila: es en el suelo, en un rincón, sin estanterías ni nada. Al lado había un ordenador dónde te podías conectar a internet donde había un israelí que conocí después en la cola del check-in que también había dejado allí las maletas.
Eran sobre las 14h00 y tenía que volver a las 17h00, por lo que sólo tengo 3 horas; tengo que darme prisa en visitar la ciudad y no me gusta ir con tantas bullas: un viaje es para disfrutar, no para ir estresado.
Salgo del albergue, y veo que está situado en un sitio excepcional: al lado del río, en una zona muy tranquilia y justo debajo del parlamento suizo. En la foto el albergue estaría detrás de los árboles de la derecha:

Sin duda fue de los albergues en los que estuve en este viaje el mejor; no porque tuviera buenas instalaciones ni nada parecido (que no eran malas), sino por el ambiente que se vivía y por donde se encontraba. Conforme vaya avanzando con el diario sabréis por qué digo esto.
Lo que hago es continuar el río aguas abajo (creo) ya que hacia allí se encontraba la oficina de turismo. Veo desde abajo el parlamento, la catedral, y sigo avanzando. El río tenía una pequeña presa donde había una figura de un oso que cazaba un pez. En el río veo varios pescadores. Por cierto, el tiempo nublado con un chiribiri de vez en cuando.
Llego a la zona de la oficina de turismo, la cual estaba en la zona alta de la ciudad, por lo tanto a subir cuestas. El símbolo de la ciudad de Berna son los osos, así que en la entrada de la oficina de turismo hay un foso con un par de osos que sirve de distracción a los turistas:

Entro a la oficina de turismo y me dan un mapa de la ciudad y algo de información sobre lo que puedo ver. Me comentan que las calles principales de la ciudad están en obras, la torre de la catedral está en obras, y que parte del parlamento también están en obras

; como veis es mi sino. Tenía la posibilidad de ver un vídeo en español sobre Berna que sólo dura 20 minutos pero no tengo tiempo.
Veo los osos,, y me dirigo hacia el centro. Lo primero que veo es la catedral y su torre en obras:

Lo que más me llamó la atención fue la fachada, en el pórtico, ya que hay moldeadas muchas figuritas (más de 200 según la guía), las cuales representan el día del juicio final. Por lo visto cuando se inició la catedral era católica el artista moldeaba cada figurita que representaba a un gremio de trabajadores determinado, y a cada uno lo ponía en el cielo o en el infierno. E hizo una figura de un papa, y ¿dónde lo puso? En el infierno. La Iglesia Católica se escandalizó ¿cómo que un papa en el infierno?, y quería que lo quitara. Pero se instalaron los protestantes, los cuales no creen en el juicio final, pero sí en la justicia, así que lo dejaron. Conclusión: tenemos representado en la catedral de Berna un papa en el infierno (me abstengo de hacer comentarios que pueda herir la sensibilidad de algunas personas). ¿Y cómo sé todo esto? Porque por la tarde -noche, cuando estaba paseando por la ciudad más tranquilamente vi un grupo de españoles con guía, y al ver que explicaban aquello me acople.

Sigo avanzando esquivando las obras y veo la plaza del parlamento, con sus chorros de agua que salían del suelo. Bastante bonita la plaza por cierto:

Sigo paseando por sus calles, la calle del reloj (en obras),... Me llama la atención la cantidad de fuentes que hay en esta ciudad, y en toda Suiza, muchas adornadas con figuras muy graciosas y coloridas:

Se acerca la hora del albergue así que me voy hacia allí y reservo por ahora dos noches, ya que no sabía cuánto tiempo me iba a quedar en Berna. Dejo las cosas en la habitación y me vuelvo a visitar la ciudad. Por cierto, la llave de la habitación era una pijada: era magnética, y para abrir el pestillo solo tenía que apoyarla. Puede que a algunos no les impresione, pero a mí todavía estas cosas me resultan curiosas; además, teniendo en cuenta que venía de un albergue que no tenía ni llave, pues aquello me resultó llamativo.
Me subo otra vez a la ciudad, esta vez por el parlamento, y me voy hacia la torre del reloj, puesto que tiene un reloj astronómico y a las 18h00 tocaban las campanas y se movían las figuritas. La foto está echa desde el otro lado está el reloj astronómico, puesto que ese era el lado donde estaban las obras:

Llego a mi destino, y entre las vallas de la obra de la calle levantada habíamos varios turistas esperando a que dieran las 18h00 para ver bailar a los muñequitos. Y llego la hora, y el duende que está arriba a la derecha empezó a tocar las campanas, el gallo cantando y otras figuras a girar. No estaba mal, pero me gustó más el de Praga; es que tiene el listón muy alto.

Sigo paseando tranquilamente por Berna y me dispongo a buscar una fuente en concreto: la del ogro comeniños. Y la encontré:

Como habéis visto en alguna foto anterior, Berna también tiene tranvías, y también hay cables para tranvías lógicamente. Pues en uno de ellos, en frente de la estación de tren, donde hay un montón de paradas de tranvías, había un pequeño oso haciendo equilibrio en uno de los cables

:

Empieza a hacerse tarde y voy hasta la estación de tren para reservar una plaza en el tren desde Lugano a Munich. El tío que me tocó sabía español, así que me hizo la reserva no sin antes hacerse la picha un lío con el ordenador. Me cuesta 27 fr (unos 18 €), ya que el tren era nocturno y con litera. Le dije que no la quería, pero por lo visto de lunes a jueves no hay asientos, todo litera y por eso es más caro. En fin, no me ahorro un día de albergue, pero sí un trayecto viajando.
Sigo paseando y ya se me hace de noche. Le pregunto a un suizo si se podía beber agua de las fuentes, y me dice que en toda Suiza es posible beber agua de cualquier fuente, ¡¡en toda!! Pues vale, gracias.
Y llego al albergue. En ese momento me encontré en recepción a 2 chicas argentinas, un mexicano y otro que no sé de donde era, pero no hablaba español. Me puse a hablar con ellos mientras les tomaban los datos, y en eso que llega un peruano, de unos 20 años, que lleva 8 años en Suiza, pero que al vernos que hablábamos su idioma se emocionó y empezó a hablarnos; por cierto hablaba rapidísimo. Inscriben a los sudamericanos y me quedo yo pidiendo un día más ya que quería asegurarme que podía hacer el viaje Lugano-Milán (otra opción era ir hacia Lucerna y quedarme allí). En este tiempo bajó el mexicano a hablar con el de recepción, ya que había un cartel que te ofrecían quedarte trabajando una semana en el albergue y le daban comida y techo gratis, y venía a solicitarlo (el trabajo no era gran cosa: limpiar mesas cuando acaba desayuno y comida y poco más). Así que nos quedamos en el hall charlando un rato. En este tiempo bajó una de las argentinas y se nos unió.
Por lo visto estaban viajando por Europa, el mexicano por un lado y las chicas argentinas por otro, y se conocían porque ya se habían cruzado anteriormente (lo mejor de todo es que se cruzaron un par de veces más, todo sin planearlo, de improviso; está claro que el mundo es un pañuelo). Me encanta la forma que tenía de viajar: se pasaban dos meses viajando por Europa, ya que decían que ya que era el viaje tan largo tenían que aprovechar. ¡¡Y cuánta razón tienen!! Cuando estábamos hablando se nos unió el peruano, que hablaba muchísimo y superrápido, y empezó a contarnos como son en Suiza, la forma de vivir y compararla con Sudamérica. Nos dijo que en Suiza la gente era muy simpática y amable (es verdad, también en Berna he encontrado gente simpática) a excepción de Zurich que es una gran metrópoli y la gente es más seria ya que está más estresada (me empecé a alegrar de haber decidido no ir a visitarla). El chico peruano trabaja en una feria de juegos, y su trabajo es enseñar a la gente a jugar a un juego de cartas, las vas comprando como si fueran estampitas de jugadores de fútbol y cada una tiene un personaje, hechizos,.. y juegas con otras personas. Lo mejor de todo es cuándo nos dijo que había campeonatos mundiales de estos juegos y que se podían ganar hasta ¡¡5.000 fr!!

, en incluso ¡¡50.000 fr!!

Hay gente que incluso vive de eso. Nos enseñó cartas que valían hasta 150 fr, aunque podían llegar hasta 4.000 fr ¡¡Y todo por un simple juego!! Yo flipé. Nos regalo unas cartas de recuedo, que tenían poco valor, lógicamente.
Pudimos estar hablando perfectamente 2-3 horas, la verdad que es estaba muy a gusto hablando con gente así, parecida a ti, cada uno contando sus batallitas y sus aventuras.

Se hacía tarde, casi las 22h30, así que decidí ducharme y cenar para después irme a dormir.
Berna es una ciudad que me encantó: sus tranvías, trolebuses, fuentes, calles, ... Es bastante bonita y, sin duda, merece la pena ir a visitarla.