Llevaba mucho tiempo pensando en hacer un InterRail, aunque he de reconocer que lo veía más como un sueño y no como algo que llegaría a hacer algún día, ya sea por mi indecisión, por no tener con quien viajar, por falta de tiempo, .....
A principios de año empecé otra vez a darle vueltas a la idea y, casualmente encontré este foro, en el que, además de proporcionarme un montón de información de todo tipo también me daba la oportunidad de buscar compañeros de viaje, gente que estaba en las mismas circunstancias que yo.
Estuve varios meses leyendo gran parte de los mensajes del foro y, un día por fin me decidí a contestar alguno de ellos y poner uno propio. De ahí salieron mis dos acompañantes en esta gran aventura: Rubén y Conchi, los dos de Madrid.
Fueron varios meses de preparativos. Lo único que tenía claro era a donde quería ir y puesto que había estudiado francés en la Escuela de Idiomas, mi destino sería, sin duda alguna, Francia. Bélgica, Holanda y Luxemburgo también entraban en mis planes, ya sea por proximidad, por el idioma (francés) o por su belleza.
Para empezar hice un itinerario con las ciudades que podríamos visitar. Claro está que después de leer varias recomendaciones de foreros y ver horarios de trenes y distancias entre ciudades, el itinerario fue levemente modificado.
Cuando ya tuvimos el itinerario definitivo hecho llegó el siguiente paso, buscar albergues, de esto se encargó Conchi, y ver y anotar los horarios de los trenes, que fue lo que hice yo. Para esto consulté la página alemana en la que se pueden ver los horarios de todos los trenes de Europa, una maravilla.
Y por fin llegó el gran día, el día que mi sueño empezaba a hacerse realidad, sábado 1 de septiembre. Ese día cogí un tren nocturno que me llevaría hasta Madrid, fueron muchas horas sentada en aquel incómodo asiento, 9 horas y media exactamente, y encima hacía un frío de narices. El revisor, muy inteligente él, había puesto el aire acondicionado a tope y claro, de noche, allí sentaditos sin poder movernos, hasta las bragas tenía congeladas!!
Llegué a Madrid a las 8 menos cuarto de la mañana, temblando como una descosida. Una hora y pico más tarde llegó Conchi dispuesta a rescatarme. La verdad es que ya empezaba a impacientarme y por mi cabeza se agolpaban un montón de ideas y sensaciones, qué nervios!!.
Conchi y su amiga me llevaron a desayunar a casa y por primera vez en mi vida desayuné porras. También aproveché para dejar la mochila. Me había costado bastante prepararla, no sabía muy bien que llevar, había leído las recomendaciones de la gente del foro pero, muy precavida yo, metí alguna que otra cosa más, claro que después me arrepentí, como pesaba la jodía!!. La primera vez que la cojí pensé que estaba loca, pesaba tanto que dudaba poder cargar con ella tanto tiempo y, en vez de quitar alguna cosa la dejé tal y como estaba. Al final sabéis cuanto pesaba? 10 kilitos nada más y nada menos. Además llevaba otra pequeña delante, ya podéis imaginaros lo mal que lo pasaba cuando tenía que cargar las dos
Se acercaba ya la gran aventura, pero antes había que pasar el día en Madrid conociendo a mis dos acompañantes. Después de desayunar, Conchi y yo fuimos al Rastro, yo nunca había ido y me sorprendió lo grande que era y las cosas que allí se vendían. Como digo yo, cada loco con su tema, veías cosas absurdas, de esas que todos tenemos tiradas por casa y no utilizamos nunca. Si ese es tu caso, no lo dudes, llévalas al Rastro de Madrid que igual algún amante de la época de Chanquete te las compra.
Nos mezclamos muy bien entre la gente, ellos como buenos madrileños y yo como buena turista.
Comimos en un McDonals, no se si fue para ir acostumbrándonos ya que, ahí sería donde comeríamos la mayor parte de los días durante nuestro viaje. Porque, vayas a donde vayas habrá un McDonals esperándote!!.
Después de comer fuimos a sentarnos, enfrente de La Almudena hay un poco de césped, y allí fue donde nos tiramos a descansar un rato y a hablar del viaje que nos esperaba. Aun nos echamos unas risas, es que hay gente muy pero que muy rara. Primero apareció un tipo todo tapado con sudadera, gorra y gafas de sol, se sentó detrás de un árbol y empezó a espiar a una pareja que estaba un poco más alejada. Todo un paparazzi
Después aparecieron dos parejas de chinos vestidos con trajes de novios y con ellos el fotógrafo. Suponemos que eran fotos de publicidad porque una de las chinas, debajo del bonito vestido de novia llevaba los vaqueros!! Y no creo que los chinos sean así de originales en sus bodas.
Y para terminar, apareció un tipo de lo más pesado, un colgao de Cádiz. A parte de decir tonterías y molestar a todos los que allí estaban, incluidos los chinos de las fotos, no se que más hacía. Al final no se como acabaría el hombre, cuando nos íbamos estaba el chinito, el fotógrafo, llamando a la policía a grito pelao.
Después de estas aventurillas por el césped poco quedaba por hacer. Por supuesto no nos perdimos La Plaza Mayor, la Puerta del sol, la Puerta de Alcalá, mi amada Cibeles (como buena madridista que soy) y El Retiro, con sus actuaciones para amenizar un poco el cotarro.


Y por fin llegó el momento de la partida y las despedidas, la amiga de Conchi nos llevó a Chamartín, allí debíamos coger un tren hasta Ávila y una vez allí, coger el nocturno que nos llevaría a Hendaya, ya en Francia. También nos despedimos de Rubén, él sólo haría una parte del viaje con nosotras, tenía que trabajar unos días más así que quedamos con él el día 12 de septiembre en la Grand Place de Bruselas a las 16h. Él no se fiaba mucho y no dejaba de repetirnos: " no os olvidéis, el día 12 en la Grand Place!!", y cumplimos la promesa, pero eso llegará más adelante.
Salimos de Madrid con 15 minutos de retraso, ya estábamos desesperadas, queríamos que nuestro viaje comenzase, en realidad el mío había empezado hacía unas cuantas horas. Llegamos a Ávila a las 11 y 10 de la noche, todavía quedaba una hora para coger el tren que nos sacaría de España, así que nos relajamos un poco.
Una hora después llegó nuestro tren y nos fuimos hacia nuestro compartimento, habíamos reservado literas y, a pesar de no tener ni pizca de sueño no nos quedó más remedio que acostarnos. Ya había gente durmiendo así que subir a aquellas literas con el mochilón, con la luz apagada y lo estrecho que era todo, fue todo un espectáculo. Nos dormimos poco después, junto con nuestras mochilas y nuestro calzado. Lo que no se es como coño pudimos dormir algo, entre las dos mochilas, la pequeña me servía de almohada, el traqueteo del tren y el frío que hacía.
Cuando despertamos a la mañana siguiente estábamos llegando a nuestro destino.








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